lunes, 22 de agosto de 2011

El día después de la JMJ

Han sido tantos momentos, tantos rostros, tantas emociones...

Hace casi dos años que se empezaba a trabajar en la organización de los diversos actos: la PEJ a Santiago, la llegada de la Cruz de los Jóvenes a Zamora, los Días en las Diócesis, y finalmente la asistencia a Madrid. A estos eventos habría que sumar las frecuentes reuniones de trabajo y las intervenciones en los medios de comunicación y en diversos congresos y foros motivando a tomarse esta Jornada como una oportunidad única, como un momento clave para la pastoral juvenil de nuestra diócesis y de todas las diócesis.


Cuando ya ha llegado el día después, mirando atrás, reconocemos el camino recorrido. También las limitaciones, lo que no supimos hacer mejor, lo que deberíamos haber coordinado más, lo que se podía haber preparado más a conciencia.

Cada uno evaluará desde su óptica el resultado obtenido. El mérito... el mérito es de todos, empezando por el Obispo y el Secretariado de Pastoral Juvenil e incluyendo al que simplemente ofreció agua a los peregrinos y al que llevaba la bandera de Zamora, orgulloso y feliz de estar presente en medio de aquel inmenso evento. Todos, en la medida que han aportado, han obtenido fruto.

Pero si algo viene ahora a mi memoria es que hemos aprendido a colaborar en lo que fuera preciso sin buscar protagonismo, a "arrimar el hombro" en el sentido más pleno de la expresión, a escuchar puntos de vista diferentes, a no tener razón siempre, a corregirnos sin acritud, a trabajar en equipo, un gran equipo.

La JMJ ha sido un gran motor, una gran ilusión colectiva. Y nos ha demostrado que juntos podemos hacer cosas grandes, mucho mayores de lo que pensamos. Sólo puedo evaluar esta JMJ como un enorme don de Dios, que nos ha querido mostrar que con él, trabajando por él, no hay por qué tener miedo a nada.

"Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin de mundo".

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